El Cairo, Egipto, resumen del viaje.

No  comas crudo, no comas en la calle, no bebas agua de la llave, ni siquiera la utilices para cepillarte los dientes!!!  Todas esas advertencias nos dieron antes de comprar el billete a Egipto… Cosa que lógicamente no respetamos, porque qué sería de nuestros viajes sin algo tan osado y atrevido como una intoxicación alimentaria? …nada!

Después de una pequeña escala en Italia, llegamos a El Cairo cerca de las 3AM, cuando el sol aun no salía. El aeropuerto es feo, solo hay hombres y tengo que esperar a que amanezca para sentirme más segura.

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Se me acerca un grupo señores que trabajan ilegalmente como guías, con mi inglés de supervivencia concertamos el tour a las pirámides, las mismas que de chiquitita me enseñaron en el colegio y que tantas veces dibujé. Me parecía increíble que dentro de pocas horas estaría en Giza, con calor, arriba de un camello y contemplando La Gran Pirámide. Claro está que tenía mucho miedo de que me raptaran y cosas por el estilo, eso pasa por ser  low cost y porque a mi novio le hace gracia la aventura… Finalmente Amir era de fiar, y su equipo estaba muy organizado. Nos llevaron a todos los sitios que quisimos y a los que no también. Como si estuvieran acostumbrados a hacerlo con todo el mundo. Sitios donde todavía los niños tejen a mano las alfombras, sitios donde hacen papiros, sitios donde trabajan el oro y hasta ponen tu nombre en el cartouche (Un símbolo de la escritura jeroglífica que asemeja una cuerda anudada y  rodea el nombre del faraón, en este caso el mío,  protegiéndolo para la eternidad). Visitamos bazar Khal El Khalili, tomamos té con menta, ricos pastelitos y  ya no tenía miedo al secuestro, ahora solo me preocupaba la idea que mi padre aceptara los 200 camellos que le ofrecieron por mí…

Nuestro hotel estaba muy céntrico, por lo que no tuvimos problema alguno para abastecernos y comer cuanta cosa extraña pasaba ante nosotros. Como buena cocinera que soy, probé dulces, salados, picantes e indescriptibles, incluso los crudos y no me intoxiqué. Creo que en general la comida era muy sabrosa y barata. Tanto que una noche, mientras estábamos en un barco por el Nilo con buffet libre, yo me sentía como en mi casa comiendo sin preocupaciones. En esta misma cena había una bailarina, los chicos estaban fascinados. Su traje era tan brillante, sus movimientos típicamente sensuales y ligeros (a pesar del peso de la silicona que parecía que explotaría), pero ella toda aceitada era feliz y los nuestros mirando también lo eran… 

Pese a todas las diferencias culturales, se puede disfrutar de Egipto sin hablar ni gota de árabe, sin planificar mucho y sin demasiado dinero. Y aunque nos pasaron anécdotas para no olvidar, como cuando el camarero no entendió que la sopa estaba  fría hasta que metió un dedo dentro del plato, nos entendimos bastante bien.  Líos como ese fueron culpa nuestra, que nos gusta estar con los locales, en lugares no turísticos y ellos no tienen la culpa de que no seamos muy buenos  con la mímica… en casi todos los demás sitios la gente hablaba algo de inglés o francés, incluso castellano. Pero esto de las diferencias es lo que más interesante hace el viaje. Yo alucino con el cambio cultura, religión, idioma, hora, clima, etc. con el caos de la ciudad y eso de tener que regatearlo todo , así que viví todo lo que pude en esos pocos días.

Para una no musulmana, como yo, no era imprescindible entrar a una  mezquita, pero ya que estaba ahí mismo no quería perder la oportunidad, así que las chicas nos separamos de nuestros respectivos y entramos a la zona de mujeres, bien tapadas con velo y todo y por su puesto sin zapatos. Caminando rapidito para no incomodar a nadie ni incomodarnos nosotras con los olores que habían allí, uffff como olvidarlos! Vi lo que tenía que ver y adiós! Que para mi espiritualidad ya tenía programado el viaje al Monte Sinaí. Para reencontrarme con el corazón tan bueno y tan religioso que tenía cuando pequeña. Cruzamos el Canal de Suez, que separa África de Asia. Me encantaba la idea de estar en otro continente y sumergirme en el mar rojo y aunque luego no hubo de nada de  inmersión quede feliz con al menos mojarme las patitas y subir al monte para contemplar la nada (porque no había nada de nada), respirar, rezar y emprender el viaje de regreso a El Cairo.

En nuestro último día en Egipto  visitamos Alejandría, era gracioso el hecho de que la gente nos pidiera hacerse fotos con nosotros en la Fortaleza Quiat Bey. No sé éramos muy guapos o muy bichos raros, prefiero pensar lo primero.

Vi el atardecer en playa y unas horas después ya estaba en el avión, lista para volver a casa y mirar hacia donde están baratos los pasajes. 

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